← Volver al blog

Regulación · Lectura 3 min

Cómo regular el sistema nervioso en la vida cotidiana

Espacio tranquilo con luz natural, una taza y una libreta junto a la ventana.

Terminas una tarea. Abres otra pestaña. Respondes un mensaje antes de levantarte. Al final del día, la agenda se detuvo, pero tú sigues sintiendo prisa.

Regular el sistema nervioso no significa mantenerte en calma todo el tiempo. Significa contar con recursos y condiciones que te ayuden a responder a lo que sucede y a recuperarte después. Tu cuerpo puede necesitar energía para actuar, descanso para reponerse o apoyo de otra persona.

¿Por qué cuesta bajar el ritmo?

Cuando una jornada acumula exigencias, puedes notar respiración más rápida, tensión, irritabilidad o dificultad para concentrarte. La investigación sobre salud psicológica y la conexión mente-cuerpo describe vías fisiológicas relacionadas con el estrés (Levine et al., 2021). Esas señales, sin embargo, no permiten diagnosticar por sí solas un estado del sistema nervioso: también pueden tener otras causas. Lo útil es tomarlas como información para observar el contexto y atender tus necesidades.

Una sola pausa no resuelve un calendario imposible. Por eso la regulación incluye prácticas personales y cambios concretos en el entorno: tiempos de descanso, límites disponibles y relaciones en las que puedas pedir apoyo.

Tres pausas que puedes adaptar

1. Orientarte al espacio

Mira lentamente alrededor. Identifica tres colores o formas. Nota dónde estás sentado y si hay algo que puedas ajustar para sentirte más cómodo. No tienes que cerrar los ojos.

2. Dar espacio al aire

Observa tu respiración tal como es. Si te resulta agradable, prueba una exhalación apenas más larga, sin forzar ni retener el aire. Una revisión y metaanálisis encontró cambios en medidas de variabilidad de la frecuencia cardíaca durante prácticas de respiración lenta voluntaria (Laborde et al., 2022). Eso no garantiza que una pauta concreta resulte cómoda o eficaz para todas las personas.

3. Cambiar de ritmo con movimiento

Levántate, estírate con suavidad o camina hasta buscar agua. El movimiento consciente no necesita ser intenso para ayudarte a notar cómo estás y decidir qué viene después.

Regularte también puede ser acompañado

En ocasiones lo que necesitas no es otra técnica en soledad, sino conversar con alguien, compartir una pausa o ajustar una carga que se volvió excesiva. Recibir apoyo también forma parte de cuidarte. Porges (2018, glosario, «Corregulación») describe la regulación mutua entre personas dentro de su marco teórico; lo usamos aquí como invitación a valorar el vínculo, sin presentar su modelo como explicación única.

No se trata de hacerlo perfecto. Se trata de reconocer una señal, probar una respuesta y observar si te sirve.

Referencias de este artículo

  • Laborde, S., et al. (2022). Effects of voluntary slow breathing on heart rate and heart rate variability: A systematic review and a meta-analysis. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 138, 104711. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2022.104711
  • Levine, G. N., et al. (2021). Psychological health, well-being, and the mind-heart-body connection: A scientific statement from the American Heart Association. Circulation, 143, e763–e783. https://doi.org/10.1161/CIR.0000000000000947
  • Porges, S. W. (2018). Guía de bolsillo de la teoría polivagal (M. Milian i Ariño, Trad.). Eleftheria. (Obra original publicada en 2017).
Sobre la autora

Valmor es Valentina Martínez Orellana, psicóloga y facilitadora de movimiento. Creó MØOR para integrar psicología y movimiento en experiencias de reconexión psicocorporal.